martes, 9 de enero de 2018

Capitalismo: La única "Economía del Bien Común" (2da parte)

Continuando con mi crítica a las ideas de Christian Felber y su "Economía del Bien Común", vamos a seguir analizando la entrevista realizada en el Diario La Nación, tratando de encontrar el contrapunto a cada concepto expuesto por el economista y escritor austriaco.

* La primera parte de esta crítica la pueden encontrar siguiendo este link:
http://elblogdeltucu.blogspot.com/2018/01/capitalismo-la-unica-economia-del-bien.html
* La entrevista en La Nación realizada por Gabriela Origlia la pueden encontrar en este otro link:
http://www.lanacion.com.ar/2098285-christian-felber-hay-que-cambiar-la-competencia-por-la-contribucion-al-bien-comun

Si continuamos leyendo la entrevista, nos encontramos con la afirmación de Felber de que:
"...Hay una contradicción entre los comportamientos y los valores en los mercados capitalistas globalizados como el egoísmo, la desconsideración o la irresponsabilidad, por un lado, y aquellos cruciales para los vínculos humanos, como la honestidad, la confianza, la empatía, la tolerancia, la cooperación y el compartir..."

No voy a entrar en los detalles de la defensa del egoísmo como un comportamiento típico de los seres vivos, el cual es utilizado para continuar en esa condición... vivos.
Hay un excelente libro, y a la vez polémico, de la autora ruso-estadounidense Ayn Rand, titulado "La virtud del egoísmo" en dónde filosofa sobre este natural comportamiento de los seres humanos. Pero debo decir que el egoísmo no es en sí un comportamiento bueno o malo. El egoísmo no necesariamente llega a afectar a otras personas. Es como si se tratara de un sentimiento del individuo que lo lleva a obrar de determinada manera, buscando alcanzar un fin que considera necesario para su bienestar. Sí, es verdad que puede suceder que una persona actúe incorrectamente, para satisfacer sus fines y eso es deleznable, pero generalmente, como dije, el egoísmo es una motivación para superarse y, en el caso de un agente económico, mejorar los bienes y servicios que ofrece al mercado, con el objetivo de aumentar sus ganancias y con ellas su propio bienestar.
En este caso, cuando consigue aumentar su bienestar, como consecuencia del aumento de las ganancias que tuvo por haber entregado a cambio, un producto mejor, ese "egoísta capitalista" ha beneficiado a aquel o aquellos que compraron ese producto.
Entonces ¿cómo puede haber desconsideración por parte de esa persona? Si con su trabajo y con los riesgos que tomó a la hora de invertir, pensando en ganancias futuras (e inciertas), ha logrado satisfacer necesidades de gente que, en su gran mayoría, ni siquiera conoce.

Recuerdo que en mi infancia y parte de mi adolescencia, había muchos productos alimenticios que eran considerados de lujo. Recuerdo especialmente dos: los tomates y los pollos.
El pollo y las ensaladas con abundantes tomates, era comidas que se servían tan solo en ocasiones muy especiales, o en la mesa de hogares de una buena situación económica.
Hoy en día, por ejemplo mis hijos, aseguran estar cansados de comer pollo y mi hijo, en particular, dice no gustarle el tomate, algo que para mí, pareciera ser un sacrilegio. Y es bueno destacar, que mi posición socio-económica no ha variado desde aquellos años, incluso hoy puede hasta que baje un poquito cada tanto. De todos modos, comer pollo y ensaladas de tomates, hoy es algo tan común como comer un pedazo de pan, cuando en mis primeros años eran manjares que se servían en un cumpleaños o en las fiestas de fin de año.

¿Cómo ha llegado a suceder eso? ¿Cómo puede algo que era de lujo hasta hace poco, hoy llegar a todos los niveles de la sociedad? ¿No será que la denodada búsqueda de beneficios por parte de los empresarios ha provocado un aumento en la cantidad y calidad de esos productos, otrora, lujosos; y sobre todo, un descenso en su precio, haciéndolo accesible a mayor cantidad de personas?
¿Acaso importa lo que sea que haya motivado a esos empresarios a generar tamaña revolución productiva? Aunque hayan sido egoístas y desconsiderados como Felber cree que son esos malvados capitalistas que asolan el planeta, a mí solo me sale decirles: ¡gracias por haber mejorado mi vida!

La irresponsabilidad de un empresario, a corto o largo plazo, al único que afecta es a él mismo. No logro captar que clase de irresponsabilidad le achaca Felber a los capitalistas. De todos modos, sea cual fuere, tarde o temprano, lo irresponsable que haya sido le volverá como un bumerang y lo golpeará duro.
Si fue irresponsable con sus propias cosas, con su capital, tarde o temprano quebrará. Si fue irresponsable con el resto de la sociedad, produciendo bienes de mala calidad o incluso dañinos para la integridad de sus clientes, en poco tiempo quedará apartado del mercado. Si fue irresponsable con las personas que trabajaban con y para él, no pasará mucho tiempo para que comience a tener problemas y que sus mejores hombres se vayan de su empresa, buscando mejores condiciones laborales. Si fue irresponsable con lo que lo rodea, con el medio ambiente del cual es parte él también, no solo que verá disminuida su calidad de vida, sino que también podría dañar sus distintas fuentes de recursos y materias primas, y por último su reputación, la cual, frente a la sociedad, se verá seriamente dañada.

Pero, de nuevo... no entiendo a que irresponsabilidades se refiere el autor. No quisiera creer que está intentando añadirle a los empresarios otras funciones que nada tienen que ver con las únicas que debe cumplir en la sociedad. No hay otra cosa que deban hacer los empresarios, más que ser creativos y sacar oro de las piedras, brindándoles a sus congéneres más y mejores bienes, que cumplan con las necesidades de los mismos. Esa es su función y tiene su retribución... y fin de la historia.
Cualquier otra tarea, fuera de las paredes de su empresa, el empresario las debe realizar por pura voluntad.

Los valores tales como la honestidad, la confianza, la empatía, la tolerancia, la cooperación y el compartir, que cita Felber como contrarios a los valores del capitalismo, se pueden encontrar en cualquier parte. No son condición necesaria de los luchadores anti-mercado. Deshonesto puede ser cualquiera, desconfiado y antipático podemos serlo todos en distintos momentos, intolerante puede ser cualquiera más allá de sus funciones en la sociedad, compartir y cooperar lo puede rechazar cualquiera.
Así como las irresponsabilidades que veíamos en el párrafo anterior, la falta de honestidad por parte de un empresario, tarde o temprano será duramente castigada por el resto de los actores del mercado y de la sociedad toda. Confiar e inspirar confianza son armas de alto calibre para alcanzar el éxito en los negocios. La empatía no es necesaria a la hora de los negocios, pero se puede dar, y es más... casi siempre se da. Sobre todo cuando hablamos de mercados más locales, pequeños. Donde existen una cercanía mayor entre los actores.
Pero hay otra forma de ver la empatía de un emprendedor y sus potenciales clientes. En el proceso empresarial, las personas necesitan descubrir o intuir las necesidades que el mercado (las personas) puedan tener. Requiere del ejercicio de una especie de empatía con seres totalmente desconocidos a los cuales... si todo sale bien... beneficiará con el fruto de su creatividad.

Me gusta ver en las esquinas del centro de la capital tucumana, como los vendedores ambulantes que ofrecen a viva voz, portadocumentos, billeteras, breteles para corpiños, etcétera, a penas comienza a amenazar la tormenta, cuando retumban los primeros truenos, como por arte de magia todas las chucherías desaparecen y el pregón cambia a: "¡paraguas! ¡paraguas! ¿señora... un paraguas?"
Imagino, ingenuamente, que el vendedor pensó: "Esta gente se va a mojar... voy a ofrecerles paraguas".
Y algo de eso hay. Porque si bien, al vendedor no lo motiva otra cosa que la búsqueda de un beneficio monetario, para lograrlo, no le queda otra opción que fijarse en que pueda estar necesitando el transeúnte. Este ejemplo se repite llevado a otras escalas de todo el entramado de los mercados.

El último valor/comportamiento que según Christian Felber, es contrario a los valores capitalistas, que quiero analizar, es el de la cooperación. Y tranquilos... no lo voy a hacer tan largo. Es sencillo.
Sin cooperación no existe empresa, no existe mercado, no existe absolutamente nada de todas las cosas que han llevado nuestra civilización al grado de avance que hoy se encuentra. Cooperación que a veces, los participantes, ni siquiera se dan cuenta que están llevando a cabo. Y para ilustrar esta idea, vuelvo a recomendar la lectura del ensayo "Yo, el lápiz".
Nada de lo que nos rodea, creado por el ser humano, habría sido posible sin la cooperación de infinidad de personas, conscientes o no de que estaban cooperando en el proceso.
El cañero del Este tucumano, cuando machetea surco tras surco, cuanta caña se le cruce, es incapaz de saber que está cooperando con una repostera de un barrio de clase media de la ciudad de Rosario, a la que justo contrataron para que haga la torta de cumpleaños de un niño que lo celebrará dentro de un mes.
Me atrevo a decir... y para enojo de los socialistas, que cooperación y capitalismo son sinónimos. Y si no lo son... de seguro son extremadamente complementarios.

No hay que cambiar nada, está lo suficientemente demostrado que el Capitalismo es la única "Economía del bien común" que existió, existe y existirá.
No hay que cambiar nada, no hay que tratar de modificar nada ni en los mercados, ni en los comportamientos capitalistas, ni en las relaciones globalizadas.
No hay que tocar absolutamente nada. Todo lo contrario... basta de intentar modificar la naturaleza humana y de tratar de destruir el maravilloso orden espontáneo de los mercados.
El único cambio que acelerará aún más esta vertiginosa carrera hacia el progreso y desarrollo de la humanidad, es el de devolver, allí donde haya sido quitada... la libertad.

Dejen que el Capitalismo haga lo que tenga que hacer, que el "bien común" se dará por añadidura y será una de las tantas consecuencias positivas que sobrevendrán.

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